Crece el “factor copyright” en redes sociales

La acumulación de asuntos variopintos de derechos de autor, semana tras semana, involucrados en la operación de redes sociales y sitios de internet, marca pauta para considerar que cada vez más los temas de propiedad intelectual llegan hasta los estratos más bajos del conocimiento popular. Nada que lamentar, al contrario; los asuntos que antes eran materia reservada a especialistas hoy se discuten en las redes sociales, en las sobremesas y en las salas de juntas tanto de empresas Pymes como de grandes corporativos.

La magia de las redes sociales -con el traslado de poder que supone la supresión de los generadores y diseminadores tradicionales de información a favor de la comunicación horizontal comunitaria-, ha multiplicado exponencialmente las posibilidades de que una obra sea usada, transmitida, ejecutada, producida o modificada en las formas más inesperadas. Las formas tradicionales del derecho de autor, que implicaban usualmente un filtro profesionalizado que cuidaba usos no autorizados, se encuentra desbordado por estas novedosas formas de comunicación. Ello plantea, sin duda, la necesidad de reinterpretar principios que se mantuvieron inmutables por siglos, y que en estos escenarios resultan rígidas e inconsecuentes.

La polémica surgida por la reclamación dirigida por David Slater por la fotografía tomada de sí mismo por un mono macaco, respecto de la cual alega poseer derechos de autor, es sólo una muestra de las innumerables situaciones que se pueden producir en el supuesto de “la obra sin autor”. ¿Quién acaba siendo autor de un “meme” modificado y reenviado millones de veces alrededor del mundo? ¿Quién es el autor de una fotografía tomada por una secuencia aleatoria en un paisaje, modificada discrecionalmente por un programa de computación?

Una reclamación del mismo tenor, dirigida la semana pasada contra twitter por el periodista Jess Hurd, da cuenta de la inminencia de la multiplicación del “factor copyright” en las redes sociales. La molestia del autor se basa en que su mensaje original, consistente en un llamado a la paz en el conflicto Israel-Palestina, fue modificado sin autorización para dar pie a una frase en apoyo de Hamas, desvirtuando totalmente la pretensión inicial de su creador. Hay que recordar que, entre los privilegios del creador se encuentra la potestad de decidir el alcance en la difusión de la obra y su inmodificabilidad, cuestiones que en un entorno de redes sociales lucen como francamente inobservables.

Otra reclamación igualmente representativa es la de David Anasagasti, reconocido autor callejero que ha acusado a American Eagle de la utilización no autorizada de sus dibujos en vía pública para ilustrar publicitariamente su sitio de internet. Su queja se basa en dos motivos, primero, el desprestigio que para él supone que la gente asuma que vende su arte a una marca; segundo, que la exhibición de su obra en la vía pública no limita en forma alguna sus derechos.

Por el momento, la fórmula de escape que los administradores de redes sociales ofrecen para curar violaciones de derechos de autor, al bajar las obras cuando se recibe una reclamación, no deja satisfecho a nadie

Fuente: http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/crece-el-factor-copyright-en-redes-sociales.html

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